domingo, 24 de noviembre de 2013

Familia y Trabajo: La Importancia del Equilibrio

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La familia y el trabajo son tan fundamentales en la vida de una persona, que la falta de alguno de ellos nos crea desequilibrios tanto psicológicos como sociales. 

La serie de hábitos, valores, capacidades y rasgos culturales que adquirimos en nuestra familia nos definen como miembros de una sociedad y esa experiencia, enriquecida con las destrezas aprendidas en el sistema educativo, la llevamos luego al trabajo, que se convierte en nuestra fuente de sustento material, pero que debería serlo también desde el punto de vista psíquico, social y espiritual, como medio de realización personal y profesional. 
Sin embargo, en la realidad esto no es así, porque la gran mayoría de las veces lo que debería ser un círculo sano e irrompible entra en conflicto y el dúo familia-trabajo se hace incompatible con la dinámica de la vida moderna, tan llena de retos de toda clase y esa situación propicia el descuido del hogar, relegado a la necesidad del desarrollo profesional de la pareja o a la de la simple pervivencia. 

Para las mujeres es especialmente complejo. Para ellas es cada vez más difícil conciliar el papel de pareja-madre, con el de trabajadora-fuente de ingresos, porque todavía la sociedad y por ende la mayor parte de las empresas, siguen organizadas con base al esquema tradicional, en el que el hombre era el único proveedor del sustento del hogar. El tiempo que ellas invierten en el entorno familiar es cada vez más escaso, lo que sumado a las usuales presiones laborales les genera una angustia aún mayor que la de sus parejas y las secuelas suelen ser peores.


Algunas consecuencias del desequilibrio trabajo – familia son las siguientes:

  • La formación de sentimientos de culpa, por la falta de tiempo para invertir en la relación familiar.

  • Se empobrece la comunicación en el hogar.

  • El descuido en la crianza de los hijos y el deterioro de su rendimiento escolar.

  • El deterioro en la relación conyugal y todas las repercusiones negativas que ello trae consigo.

  • La disminución del rendimiento laboral de la pareja.

  • El deterioro de la salud de los miembros del hogar, especialmente de la pareja


¿Cómo encontrar las soluciones para conciliar la relación familia – trabajo? Lo principal es fortalecer la comunicación familiar y establecer las prioridades de distribución de nuestro tiempo. Este es un tema delicado, que cada familia debe resolver según sus circunstancias, porque no existe una fórmula única que actúe como panacea, pero suscribimos aquí algunos consejos de los expertos en el tema, la mayoría son de simple sentido común:

1.      Conviértete en un adalid de la eficiencia en tu empleo, finiquita todas tus actividades dentro del horario laboral, para que no tengas que llevar trabajo a casa y puedas minimizar las horas extras. Cada minuto que ahorres lo puedes invertir en tu familia.

2.      Trata de establecer un canal fluido de comunicación con tu jefe, sé sincero acerca de la importancia que le das al tema de la familia, en este aspecto cumplir con el punto uno es muy importante, porque si te conviertes en un trabajador modelo, será más fácil para ti obtener la consideración de tus superiores.

3.      Anteriormente dijimos que la comunicación familiar es muy importante. Las preocupaciones deben ser expresadas con libertad, especialmente las relativas al tiempo invertido en el hogar. Se deben llevar a cabo acuerdos razonables, claros y justos entre los distintos miembros y cumplirlos con responsabilidad y sin excusas

4.      Reserva suficiente tiempo para reforzar tu relación de pareja, Uds. son la base del hogar y ese vínculo debe fortalecerse día a día.

5.      Sé razonable con tus prioridades, si bien la familia es lo más importante, recuerda que tu trabajo es la fuente de su sustento y existen momentos en que las circunstancias te exigen cancelar compromisos para colaborar en proyectos vitales para tu empresa. Lo importante es que la excepción no se convierta en regla.

6.      Respeta estrictamente los momentos de esparcimiento familiar, especialmente las vacaciones, con las excepciones inherentes al punto cinco.

7.      Si por razones de trabajo tienes que ausentarte por largos periodos, mantén diaria comunicación con tu familia, especialmente con tus hijos. En este aspecto la tecnología te puede ayudar mucho y nunca tu dinero será mejor invertido que procurándote los medios necesarios para ello.

8.      Para los hombres: ayuda a tu pareja en las tareas domésticas. Da el ejemplo y enséñales a tus hijos a mantener el orden en el hogar, para que se minimice la carga de trabajo y la angustia de ella.

Esperamos que estas recomendaciones le sean de utilidad y le permita dar un paso al frente en el camino de conciliar sus intereses familiares con los de su trabajo y pueda llevar una vida más equilibrada y más feliz.

"...la gran mayoría de las veces lo que debería ser un círculo sano e irrompible entra en conflicto y el dúo familia-trabajo se hace incompatible con la dinámica de la vida moderna ".  
 " Para las mujeres es especialmente complejo. Para ellas es cada vez más difícil conciliar el papel de pareja-madre, con el de trabajadora-fuente de ingresos"

Equilibrando trabajo y familia




Uno de los más grandes desafios de trabajar y criar a una familia es tener tiempo y sentirse bien por el trabajo y la familia. No es fácil hacer juegos malabaristas con tres ocupaciones al mismo tiempo: trabajador(a), esposo(a) y padre/madre.
Será necesario trabajar en equipo para que las tareas familiares se lleven a cabo. Este trabajo de equipo podría involucrar a sus niños fácilmente.
Seleccione tareas de acuerdo a las habilidades de sus niños.
Cambie las responsabilidades... a nadie le gustará hacer la tarea más desagradable todo el tiempo, pero si todos toman turnos será mucho más fácil para cada miembro de la familia.
Comparta tiempo de alta calidad. El uso de algunos valiosos minutos, junto a su familia, son dificiles de conseguir cuando se tienen programas de actividades muy rígidos. Estas horas o minutos compartidos deben ser en los que le brindamos la atención que merecen nuestros niños y/o familia. El autor Kay Kuzma en su libro titulado "Prime Time Parenting" nos invita a tomar ventaja del tiempo que compartimos como familia. Venir del trabajo o de la escuela al final del día puede ser cambiado de "una noche de quehaceres domésticos rutinaria" a "una noche que empiece con un saludo cariñoso" y que continúe con terminar las tareas escolares o domésticas.
He aqui otras sugerencias para mantener una relación familiar de "alta calidad":
Piense en su familia, inclusive si ellos no están cerca en ese momento, hágaselos saber al final del día. Saber que alguien piensa en nosotros nos hace sentir queridos e importantes.
Tómese el tiempo para acercarse a esa persona en la que usted estaba pensando.
Hable con su familia por teléfono durante el día. Llámeles a la hora de su descanso o del almuerzo y hágales saber que usted piensa en ellos.
Converse con su familia a la hora de la cena y mantenga contacto con la vista mientras habla con ellos.
Mantenga contacto fisico con su familia. Un beso en la frente, un golpecito en la espalda o un abrazo les hace saber que son importantes para usted.
Piense bien sobre las expectativas y actitudes, y en cuanto a las tareas que se necesitan llevar a cabo. No mida cuánto vale usted como persona en términos de cuántas tareas puede efectuar. Haga de esas horas, minutos o segundos compartidos con su familia un momento extra especial.

Manejo del estrés: En busca del equilibrio entre trabajo y familia

Manejo del estrés: En busca del equilibrio entre trabajo y familia
¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir? Muchas personas ven en su carrera un desafío vital para obtener reconocimientos. El trabajo se convierte en una prioridad que compite con la vida familiar. Aprender a equilibrar estos aspectos, y evitar así el estrés, es fundamental si lo que queremos es mejorar nuestra calidad de vida.
Es un hecho. La familia sufre el costo de la sobreexigencia laboral. Según el psicólogo de Red Salud UC, José Pinedo, "para ser reconocido y tener logros profesionales, se necesita un recurso cada vez más escaso: el tiempo. En este escenario, muchas personas concluyen que la única área a la cual se le puede `recortar´ algo de tiempo es a la familia".
Para el especialista, "al disminuir los espacios familiares se produce un balance `disarmónico´ entre la dedicación al trabajo y a los seres queridos. Siempre existe la racionalización, excusa o justificación que dice ‘esto lo hago por ustedes´. Muchas familias preferirían ver disminuidos sus ingresos con tal de que el papá o la mamá estuvieran más tiempo en el hogar".
La importancia de conciliar el área laboral con la familia es clara. La necesidad que tienen los seres humanos de un desarrollo equilibrado entre la productividad, la afectividad y las relaciones de intimidad es fundamental. Una persona sana es aquella que es capaz de conjugar todas las áreas de su vida en una armonía justa para todos. Tarea evidente, aunque nada fácil.

Lograr el balance

Conseguir el equilibrio entre el trabajo y la vida familiar es una tarea esencial. Para empezar, hay que hacer la diferencia entre las personas trabajólicas y las obsesivas-perfeccionistas.
El trabajólico ocupa más tiempo del que necesita en su trabajo, porque no quiere volver a casa y encontrarse con su familia. Utiliza largas horas en tareas "importantes", cuando en realidad son excusas para no llegar a su hogar.
El obsesivo-perfeccionista está centrado -de manera constante- en sus responsabilidades laborales. Su objetivo es lograr resultados que sobrepasen las expectativas de sus pares y superiores. En este desafío ignora los costos que puede tener, porque para él su misión es "muy importante".
-En el caso del trabajólico hay mucho que hacer -explica el doctor Pinedo- partiendo por el duro trabajo de hacerle ver que esto es una enfermedad. Además, hay que lograr que el paciente asuma sus conflictos personales no resueltos, tanto consigo mismo como con su familia. Si se trata de un obsesivo-perfeccionista, lo que hay que hacer es generar conciencia de que la familia merece atención y que debe ser considerada como un trabajo más.

¿Estresado o superado?

Es importante diferenciar estos conceptos. El estrés es un mal que debe ser tratado por psicólogos o psiquiatras. Sus manifestaciones son trastornos a nivel cognitivo (atención, concentración y memoria), y a nivel afectivo (irritabilidad, depresión y angustia). ¿Cuándo se transforma en enfermedad? Cuando los síntomas persisten pese a que la persona ya se ha alejado de la fuente del estrés, que la mayoría de las veces está en el trabajo. Entonces es necesaria la ayuda de un especialista.
Estar superado significa que una persona no tiene las herramientas necesarias para cumplir con los requerimientos demandados. De este modo, cuando se consiguen esos recursos, la persona deja de estar superada.
En este contexto, el principal instrumento para superar el estrés es la administración de los recursos. Asumir las responsabilidades que se pueden cumplir y no sobreexigirse. La clave es entonces, trabajar para vivir. Lograr la armonía en ambos aspectos y no exponerse a altos niveles de estrés.

Para tener en cuenta

Algunos consejos para controlar el estrés y lograr el equilibrio son:
1. Situar dentro del mismo nivel jerárquico a la familia y el trabajo.
2. Tener en cuenta que para trabajar bien se necesita una familia sana y feliz.
3. Recordar a diario que gracias al trabajo se puede otorgar tranquilidad a la familia.

4. Hacer un corte entre el trabajo y la familia antes de llegar a la casa.

Luego de la ruptura, ¿qué?

Qué hacer con el deprimido

Luego de una ruptura muy traumática, las personas se preguntan  ¿y ahora qué? ¿cómo seguir adelante? ¿cómo continuar con mi vida si no puedo dejar de pensar en ella/el? Evidentemente aquí se produce un hiato muy agresivo entre la situación del individuo sufriente y las presiones y obligaciones que impone el sistema económico-social.
La sociedad requiere que el individuo sigua adelante, que continúe con su vida, que vaya a trabajar y que no falte a sus obligaciones de adulto responsable. Pero este adulto responsable sufre como un niño y no desea moverse de su dormitorio, no quiere salir de su cama. Prefiere quedarse llorando todo el día.
¿Qué hacer aquí? Claramente esto impone una paradoja para todos aquellos que son familiares o amigos de esta persona que sufre. Pues lo planteado nos obliga a pensar que si realmente amamos a esta persona entonces el famoso consejo de “sigue adelante”, “olvidate”, “conoce a otra persona”, son consejos que parecen ser más egoistas que generosos.
Con este tipo de consejos coincidimos con las exigencias sistémicas de la sociedad y al hacerlo deberíamos dudar de su verdad interna. Entonces podemos cambiar de parecer y decir a nuestro amigo “llora todo lo que quieras, sufre hasta más no poder, que tu duelo siga su rumbo naturalmente”. Entonces respetaremos el dolor ajeno sin imponerle recomposiciones ficticias.
Pues este tipo de imposiciones responde más a nuestra necesidad de no compartir tiempo con una persona que es un deshecho humano más que a la idea de que el otro sea feliz.

http://www.blogdefamilia.com/pareja/luego-de-la-ruptura-%C2%BFque-525/#more-525

Los problemas de la idealización familiar


Familia ideal


Luego de ver tantas películas y de leer tantos libros asi como también luego de haber sidos educados en las escuelas de la cultura moderna occidental es muy difícil no caer en los estigmas de la idealización familiar. ¿A qué nos referimos con esto? Al terrible fenómeno que perjudica a cada uno de los hombres de este mundo y que consiste en idealizar lo que debe ser una familia.
Miramos TV a diario y en ella aparecen modelos de lo que es una familia tipo. Al compararla con nuestra familia real nacen las diferencias palmarias. Y cuando observamos esto nos recriminamos a nosotros mismos: “uno no elige la familia que tiene”, “mi familia es un fracaso”, etc, etc.
Ahora bien, la verdad es que no existe eso que suelen llamar familia ideal. Por el contrario, cada familia es un mundo diferente. Y seríamos mucho más felices si olvidásemos esos patrones deontológicos que nos presionan desde el nacimiento diciéndonos lo que debemos hacer y lo que está mal.
Si este fuera el caso entonces las crisis familiares, las peleas, las así llamadas“disfuncionalidades” en realidad serían tomadas naturalmente como fenómenos necesarios en un proceso de convivencia y cooperación intersubjetiva cuya duración es extremadamente prolongada. Pues tomaríamos algo que es considerado ideal y universal como particular y natural.
Y al hacerlo no le pediríamos a esto que forma parte de la realidad a-moral que se comporte de manera buena o mala. Pues algo que no es del orden de lo juzgable por la moral no puede ser recriminado de ser incorrecto o inmoral.

Redes sociales e Internet.

¿Aliados o Enemigos?
Las nuevas tecnologías se masifican cada día, facilitando el acceso de niños y jóvenes a Internet y redes sociales. Esta nueva realidad también implica riesgos que se pueden minimizar, a través de la incorporación de ciertos criterios para su uso y en un adecuado entorno familiar.

Llega el diario de fin de semana y su peso nos anuncia que además de información, viene cargado de catálogos. La cantidad de publicidad destinada a los nuevos tablets, stmartphones, notebooks, netbooks y computadores, son sólo una muestra de cómo el vertiginoso mundo de la tecnología aumenta, crece, se desarrolla, cambia, mete sus tentáculos en nuestros hogares y de paso, comienza a generar una nueva “necesidad”. Eso se percibe cuando los niños, apenas alcanzando una edad de dos dígitos, empiezan a pedir con urgencia un teléfono, a soñar con un netbook y qué decir de los tablets. Verdaderos objetos de deseo que conquistan y hasta, algunas veces, atrapan. Y el medio poco ayuda cuando los padres se dan cuenta que el argumento de “aún no, eres muy chico. Eso no es para niños de tu edad”, comienza a desinflarse, porque más de algún compañero de curso ya es el flamante portador de la última curiosidad tecnológica.
Esta facilidad que hoy existe para tener acceso a Internet y a las redes sociales puede ser una verdadera ayuda, como por ejemplo, a la hora de buscar información o mantener la comunicación con familiares que están lejos. Pero también significa una fuente de peligros, y así lo constata el surgimiento de nuevos conceptos, que toman cada vez más fuerza y notoriedad: cyberbullying, grooming, sexting o simplemente, adicción a Internet.
A estas alturas, nadar contra la corriente y prohibir el uso de estas tecnologías, parece no ser la solución más efectiva. A la hora de asumir estas nuevas herramientas tecnológicas en el hogar y para la familia, más vale tener claridad respecto de los peligros, asumir algunas recomendaciones, adoptar normas y fomentar un estilo de familia que permita minimizar los riesgos. Para esto, Max Moller, psicólogo experto en adicciones a las nuevas tecnologías, y Fundación Queveo, que promueve la conciencia digital, entregan algunas orientaciones para que el uso de Internet y las redes sociales constituyan un apoyo y no un peligro para los hijos.
Los padres deben involucrarse
Para Max Moller, los clásicos filtros hoy ya no son suficientes y el enfoque debiera estar centrado en hacer un acompañamiento a los niños y adolescentes en su deambular por este mundo virtual. “Lo más aconsejable es generar la comunicación y confianza que propicie una relación sana. Por ejemplo, si el hijo va a tener una cuenta en Facebook, tiene que ser con los padres como acompañantes. Cuando hay suficiente confianza, el hijo entiende que lo comparte con sus padres más que tomárselo como un control impuesto. Esto debe partir desde la niñez y respecto de Facebook, por ejemplo, desde que abre una cuenta por primera vez”. Moller puntualiza que a los doce años, los adolescentes son mucho más abiertos en relación con el tema que a los 16, cuando ya han abierto una cuenta por medios propios y sin consultarle a nadie. Que a esas alturas los padres les pidan acceso, será considerado más bien una violación de su intimidad, que un acto de preocupación genuino en la protección del hijo.
En Fundación Queveo, también apuntan a la formación de competencias en los niños, como el juicio crítico, la capacidad reflexiva y la adquisición de valores que les permitan ir alcanzando autonomía y toma de decisiones más complejas, que trascienden la simple receta o el control externo. Francisca Maira, Directora de Educación de la Fundación Queveo, reconoce que la naturaleza “móvil” de los nuevos dispositivos como celulares y tablets, plantean una nueva realidad difícil de supervisar. Es posible tomar algunas medidas alternativas, entre las cuales se cuenta, por ejemplo, disponer de un lugar en la casa donde todos dejen sus celulares a la hora de comer y en silencio, o privilegiar los espacios familiares para instalar allí televisores, computadores, consolas, que inviten a actividades compartidas y donde el consumo de medios sea conversado y, desde luego, encauzado.
En el caso de Facebook, Maira agrega que a los padres se les recomienda tener un perfilen que tengan agregados como amigos a sus hijos, que revisen uno por uno a las personas que pueden relacionarse con ellos a través de esta red social. Del mismo modo aconseja que, en la casa, el computador esté en un espacio común. Si bien ahora los adolescentes pueden tener Internet en sus celulares, esta medida ayudará a formar en los niños la llamada "autorregulación". También, aconseja que Internet no se cruce con todas las actividades del hogar, entendiendo así que debe existir un tiempo para cada cosa y que no es una buena decisión, por ejemplo, hablar por Whatsapp mientras se almuerza. Internet debe estar supeditado a un tiempo específico y no debe convertirse en un elemento "omnisciente".
Cómo prevenir
Max Moller ve muchos casos de adicciones a Internet y las redes sociales en su consulta, los que asocia directamente con la falta de comunicación en las familias. “Existe un tipo de familia en que claramente se ve, por ejemplo, que los padres no saben en qué están sus hijos. Clásico es cuando se llega a esas casas y se pregunta por los jóvenes y ellos están encerrados en sus piezas. No saben qué están haciendo sus hijos. Si es un computador estacionario lo que tiene esa familia, debe estar en un lugar común. Si tiene notebook, acostumbrar a los hijos a estar con la puerta de su dormitorio abierta”.
Pero además de estas recomendaciones directamente relacionadas con los dispositivos y el acceso a Internet y las redes sociales, Moller sostiene que es fundamental ver cómo la familia incentiva otras actividades; deportivas, sociales, de pertenencia a grupos de scout o iglesia, y de tener una política inclusiva y de puertas abiertas del hogar, en relación con los amigos de los hijos, para evitar que sientan que el espacio para desarrollarse socialmente tiene que estar en otros lados, fuera de la casa.
Fundación Queveo recomienda medidas que apuntan a lo mismo. “Los padres deben acompañar a sus hijos mientras navegan. Una medida concreta es disponer los aparatos en espacios comunes, esto es, zonas de paso como sala de estar, living, comedor o incluso pasillo, en detrimento de los dormitorios de los niños. En su defecto, si el hogar no cuenta con el espacio adecuado, pudiesen ubicarse en el dormitorio de los padres. Además, sugerimos que las pantallas de los monitores estén siempre giradas en dirección a la zona de tránsito, puesto que si un niño o niña es acosado de alguna manera a través de Internet, para el adulto es más fácil supervisar los contenidos a los que accede y las rutas de navegación que va generando. Asimismo, es importante que como padres estemos plenamente conscientes que si nuestros hijos son usuarios de redes sociales, configuren su cuenta con un nivel de privacidad alto, a fin de evitar el contacto de desconocidos y el acceso inadecuado a sus contenidos. Éstas serían medidas concretas que podríamos considerar, además de otras más técnicas como los sistemas de filtro o controles parentales”, explica Francisca Maira.
Agrega que es importante que los padres se involucren en Facebook y en las redes sociales donde están sus hijos. Hay casos policiales donde se han descubierto sujetos que simularon ser (con fotos incluidas) los amigos o compañeros de colegio, haciendo creer a los niños que realmente eran ellos, para ser aceptados entre sus contactos. Hay una dinámica que sólo se aprende al tener un perfil y, sin duda, al tenerlo se puede evitar un sinnúmero de problemas. Aunque siempre se  está expuesto a que haya situaciones complicadas, el peligro decrecerá sólo cuando el adulto se involucre en lo que hace su hijo.
Señales de alerta
Es importante estar alerta ante conductas que escapen a la normalidad y que puedan constituir síntomas de alguna situación más grave, señala Francisca Maira. “Si se muestra retraído, si le cuesta conciliar el sueño o, también, si manifiesta una abierta ansiedad de conexión cuando está lejos de los dispositivos… Todo ello debiese animarnos a dialogar, a involucrarnos en la situación, a conocer qué sitios visita y cuál es su comportamiento digital regular”.
Max Moller, en tanto, advierte que no necesariamente la cantidad de tiempo que se pasa frente al computador está relacionado con la existencia de un problema. “Lo es cuando el adolescente empieza a abstraerse de sus relaciones y actividades sociales. Cuando afecta el desarrollo de su vida normal”. Y agrega que el perfil de personalidad más vulnerable a este tipo de situaciones es aquel asociado a la timidez con cierta dificultad para socializar. Esa dificultad para  entrar en contacto real con las personas, puede generar un abuso en el uso del computador o Internet, como medio de compensación.
Fundación Queveo comparte el criterio anterior. “Ciertos problemas de autoestima, la falta de autorregulación y de comprensión del otro, una deficiente adquisición de competencias socioemocionales, tanto de discernimiento moral como de relación interpersonal, entre otras, podría gatillar diversas formas de violencia online, en las que se establece una relación de poder entre víctima y victimario. Así, la falta de empatía y una pobre comprensión del otro y sus circunstancias, podría llevarnos a una forma de ciberbullying o ciberacoso. O la falta de discernimiento moral podría acarrear decisiones erradas en las que la responsabilidad no está presente, como por ejemplo, enviar imágenes eróticas a sus pares, considerado como un caso de sexting”, enfatiza Maira.
La ausencia de orientación parental, así como pertenecer a familias que presentan factores de riesgo, como violencia entre los padres, maltrato a los hijos o abuso de alcohol, son realidades que pueden desembocar en una adicción de cualquier tipo, entre las que se cuenta Internet. Tanto niños como adolescentes se sienten "acogidos" en la red, que pueden tener "amigos" y sociabilizar, que pueden expresar libremente sus emociones y sentimientos. Sienten que tienen la oportunidad de ser lo que no pueden llegar a ser en la "realidad", en el cara a cara, y tener una "vida casi perfecta", de modo que Internet se transforma en una herramienta que los ayuda a evadir sus situaciones problemáticas.
También, la ausencia de regulación y el dejar de hacer otras actividades por usar Internet, puede terminar en una adicción motivada por la inercia inicial a sólo querer "estar conectado en casa". De ello deriva la importancia que los niños sean impulsados y animados a hacer deportes, a jugar en el barrio, a salir a comprar a la esquina y actividades similares.
Las precauciones para los padres adoptivos
La facilidad que hoy Internet ofrece en la búsqueda de información y datos, es una herramienta que muchos padres adoptivos también ven como arma de doble filo, al dar la posibilidad a niños y adolescentes de encontrar y contactar a un progenitor o familiar relacionado con su historia de origen, por el sólo hecho de contar con información tan básica como su nombre y apellido.
¿Cómo manejar esta situación? De acuerdo a Fundación Queveo, se deben evitar situaciones de riesgo. Como primera recomendación, los padres adoptivos deben tomar las medidas descritas acerca del manejo compartido de Internet y las redes sociales. “Entendiendo que lo más importante es que el niño desarrolle la autorregulación y, con el tiempo, pueda darse cuenta de qué es bueno y qué es inconveniente para él. El involucramiento de sus padres ayuda a evitar la curiosidad ansiosa del que siente que le ocultan algo, no teniendo la urgencia de hacer lo que no le conviene. Es por ello que enfatizamos el acompañamiento y la autorregulación”, enfatiza Maira.
La profesional recuerda que las redes sociales están llenas de una diversidad de opciones, de todo tipo de búsquedas y con muy variados propósitos. “En este sentido, la primera recomendación concreta que podemos darle a los padres es conocer este mundo, entrar en su dinámica, descubrir sus posibilidades. En segundo lugar, explorar las opciones de privacidad de la red. En la era digital difícilmente vamos a poder optar por la privacidad absoluta; nuestra opción, en cambio, es elegir el grado de privacidad, esto es, hasta qué punto elegimos ser públicos. En tercer lugar, les sugerimos a los padres ser amigos de sus hijos, pero amigos mudos y criteriosos. Los problemas no se resuelven a través de las redes sociales, sino cara a cara, por lo cual si veo cualquier conducta errada, me causan ciertas sospechas algunos amigos virtuales o no apruebo los comentarios de mi hijo, la conversación con él debe ser cara acara y no vía digital”.
Y agrega que, si bien un padre no puede impedir que su hijo explore con una natural curiosidad, sí puede es hacerse cargo de sus inquietudes, escucharlo, acogerlo e invitarlo a reflexionar sobre qué espera encontrar, cuál es la necesidad que quiere satisfacer y, lo más importante, acompañarlo para que descubra por sí mismo si está preparado y si es el momento adecuado.
Para Fundación Queveo, si queremos promover un uso seguro a nivel familiar de las redes sociales e Internet, debemos apuntar a la formación de competencias o comportamientos digitales responsables. “Como fundación, validamos instancias de alfabetización y educación digital para padres, quienes muchas veces buscan recetas o consejos prácticos para enfrentarse a las tecnologías o a sus hijos, pero nuestra mayor responsabilidad es abrir instancias de reflexión y diálogo entre padres e hijos, apuntar a la formación humana y relevar ciertos valores clave, tales como la intimidad, la responsabilidad, la identidad, la integridad o la autonomía, introduciéndolos como discurso y praxis permanente con nuestros hijos. De este modo, si consideramos por ejemplo la integridad como la coherencia entre nuestro decir, pensar, sentir y hacer, y aborrecemos que nuestros hijos estén todo el día conectados, no podemos contestar el celular mientras estamos sentados a la mesa o ponernos a revisar el estado de Facebook mientras nuestro hijo nos habla a la cara, porque lo que estaríamos enseñando con el ejemplo es, precisamente, a no ser íntegros”.Porque los padres son el principal modelo del que los hijos aprenden.

Búsqueda de Orígenes: Algunas Cifras

Pese a que el sistema actual prohíbe la entrega directa de niños en adopción y que se exige un estudio de la habilidad de la familia, además de todo lo que implica el proceso de susceptibilidad, aún queda un porcentaje de niños que fueron adoptados al margen de lo que hoy son los procedimientos  regulares. De esos casos, no quedan registros de los antecedentes. De aquellos que buscan información sobre su origen, “debe haber unos 85 casos que no tienen filiación adoptiva. Estamos tratando de buscar apoyo en los hospitales y mejorar los convenios para contar con más información, más actualizada y eficiente, que nos permita recuperar esa parte de su historia”, destaca Nancy Rodríguez.

Año
Número de solicitudes recibidas
2009
262
2010
323
2011
238
2012
207
2013 hasta junio
100
Casos inactivos
850
Casos activos hasta junio
500 en promedio
Casos internacionales en proceso
120 aproximadamente